Querido amigo

Espero que al recibir estas líneas te encuentres muy bien. Te escribo porque quiero compartir contigo mi situación actual, con sinceridad. En este momento me encuentro en un centro de adolescentes infractores (CAI), lo cual ha sido una experiencia difícil. Pero también de gran aprendizaje y crecimiento personal.

Aquí he tenido tiempo para reflexionar profundamente sobre mi vida, mis decisiones y el rumbo que quiero tomar. Sabes que en este lugar aprendí el valor que tiene la libertad, la amistad y aquellas oportunidades que no supe aprovechar.

Bueno, también quiero contarte algo importante: aquí reafirmé mi proyecto de vida y profesión que tanto anhelo para mi vida. Quiero convertirme en abogado y te cuento que estoy estudiando la carrera de Derecho; siento que cada paso del camino me permitirá crecer mucho más y transformar mi experiencia en algo positivo para mi futuro. Quiero contarte que esta etapa, aunque es dura, me está formando con disciplina y nuevos sueños.

Durante este tiempo aprendí muchas cosas; una de ellas es estar en un taller de costura, aprendí a trabajar con hilos y agujas, desde cortes muy pequeños hasta crear y confeccionar ropa. Y te voy a contar una experiencia muy hermosa y significativa en mi vida. Hace un mes tuvimos la oportunidad de presentar nuestra confección en un desfile de modas, ¡no te imaginas! Fue un momento especial porque varios compañeros desfilaron con orgullo nuestras creaciones; verlos desfilar mientras la gente aplaudía me recordó que aun en medio de las dificultades se puede construir cosas hermosas. Agradezco a Dios porque por medio de él he sentido un gran apoyo en este lugar.

Te cuento que estoy próximo a salir y lo voy a hacer con la frente en alto, orgulloso de mí y de la persona en que me convertí.

Amigo mío, te deseo lo mejor; que así como yo, no te rindas y luches por tus sueños, y nunca te olvides de Dios, que él te dará las fuerzas que necesitas para continuar.