Mi testimonio

Hola! Mi nombre es Joselyn y me dicen «Coco», y la verdad es que desde muy pequeña he vivido en un mundo donde lo único seguro es la cárcel o el cementerio. Desde los diez años comencé a entender a qué se dedicaba mi familia y me fui acostumbrando a tener el dinero fácil y hacer mi voluntad.

El tiempo transcurría y yo iba creciendo con el pensamiento de que lo que hacía estaba bien, me creía intocable: pensaba que tenía el cielo en mis manos; según yo, era invisible y todo lo podía con una sola llamada. Hasta que un día la vida me dio la lección más grande: me mataron a mi hermana, mi alma gemela, mi cómplice, mi paño de lágrimas.

Ese día me enseñaron el dolor que nosotros también causábamos a los demás, y también sentí que estaba muerta en vida: me llené de odio, hice demasiadas cosas sin pensar en las consecuencias de mis actos y todo eso me trajo a la cárcel. Han pasado once meses desde que mi vida cambió demasiado, me ha enseñado muchas cosas; me tocó adaptarme a personas que nunca hubiera conocido.

Aquí conocí a mi amiga Milena, que desde que me privaron de mi libertad ha estado conmigo: hemos pasado verdes y maduras, pero juntas… agradezco haberla conocido. La vida aquí no es tan mala, pero nada de esto llena el vacío que diariamente tengo al no tener a mi familia a mi lado; nada logra que me sienta bien al recordar que mis hijos están creciendo sin mí.

Han pasado tres años desde el día que mataron a mi hermana y aún sigo sintiendo el mismo dolor y la sigo extrañando igual.