Quiero empezar por pedirles perdón por el sufrimiento que les causé con mi ausencia, que despertó angustia y dolor a mi madrecita principalmente; también a mi papá: para él, fui su apoyo incondicional; y a mis hermanos y hermanas, que vieron ese dolor reflejado en sus rostros y la impotencia de no saber qué hacer.
Las malas decisiones, el mal comportamiento, y sobre todo la desobediencia a las recomendaciones de mi madrecita, me llevaron a este lugar donde mi vida dio un giro tan abrupto, dejándome desconcertado, impactado y como en el fondo de un abismo… del cual estoy escalando cada día hasta llegar a la libertad.
Durante estos 51 meses de privación mi vida ha cambiado: descubrí mi fortaleza. Cada uno de esos meses ha sido un escalón y una prueba, me ha forjado un nuevo carácter, la paciencia, el respeto al prójimo y sobre todo me ha llevado a conocer el valor del tiempo en familia y compartir valores de fe en Dios.
Todo este tiempo he trabajado como repartidor de alimentos a los demás PPL, lo cual me ha dado las herramientas para conseguir mejorar en mis valores, a sentirme útil cada día, haciendo mi aporte social y dando señal de buen vivir.
Los amo mucho, mi familia, y espero que la justicia abra estas puertas y me dé la oportunidad de reunirme junto a ustedes, en especial junto a mis padres, que los amo.